Falleció el gran peso pesado George Chuvalo, tras su enorme tragedia familiar
Redacción ESPABOX
El gran peso pesado George Chuvalo falleció el pasado sábado 12 de septiembre a los 89 años después de sufrir graves problemas de salud durante años. El canadiense fue uno de los aspirantes más respetados en el peso pesado durante más de una década, cuando se ganó el respeto del público por sus actuaciones contra Muhammad Ali, Joe Frazier y George Foreman sin tocar nunca la lona. De origen balcánico, Chuvalo pasó la segunda mitad de su vida luchando contra una tragedia familiar devastadora que tampoco pudo con él.
De leer la revista The Ring al gimnasio
Chuvalo nació el 12 de septiembre de 1937 en el hospital St. Joseph de Toronto, hijo de un inmigrante bosnio llamado Stipan y de una madre de origen croata que durante quince años desplumó pollos en una fábrica por medio centavo la pieza. La familia vivía en el barrio de la Junction, al oeste de Toronto, en una comunidad obrera de inmigrantes donde los niños aprendían a pelear antes de aprender a leer. Los compañeros del barrio les lanzaban piedras a las ventanas de su casa gritando «go home, you goddamned hunkies» («vete a casa, maldito hunkie»).
A los diez años entró por primera vez en un gimnasio después de ver un número de la revista The Ring en una tienda. Corrió a casa y le dijo a sus padres que quería ser boxeador. Su padre, que trabajaba como desollador de reses en una fábrica con el brazo deforme desde la infancia, le miró y le respondió: «Cuando tu nariz empiece a sangrar, te rindes».
Campeón de Canadá y el camino hacia el mundo
Con 19 años noqueó a cuatro rivales en una misma noche en el Torneo Jack Dempsey de Maple Leaf Gardens, con el propio Dempsey como árbitro. Un año después se proclamó campeón de Canadá al noquear a James J. Parker en dos minutos del primer asalto. Parker nunca volvió a pelear.
Su camino hacia el título mundial estuvo sembrado de obstáculos, muchos de ellos colocados por sus propios representantes. El mánager Jack Allen no invirtió lo suficiente en su púgil. Irving Ungerman, que gestionó durante la mayor parte su carrera, carecía de conocimientos boxísticos y fue intimidado por la mafia en la pelea ante Ernie Terrell, en la que Chuvalo consideró hasta el final que le robaron el título. «Sé en mi corazón y en mi alma que esa noche gané el campeonato del mundo», dijo.
Floyd Patterson, campeón mundial del peso pesado, reconoció que había sido la pelea más satisfactoria de su carrera ante Chuvalo. «Si hubiera peleado contra George tres peleas antes, probablemente me habría noqueado», admitió Patterson. La victoria de Floyd fue nombrada pelea del año por la revista The Ring.

Los combates con Ali
El 29 de marzo de 1966, Chuvalo subió al ring del Maple Leaf Gardens de Toronto ante Muhammad Ali con solo 17 días de preparación, después de que Ernie Terrell se cayera de la gala. Fueron quince asaltos de una intensidad que hicieron que Ali orinase sangre. Chuvalo perdió por decisión unánime pero no visitó la lona, y al terminar se fue a bailar con su esposa Lynne. Ali dijo que era el hombre más duro al que se había enfrentado. Angelo Dundee, desde la esquina contraria, declaró que los canadienses deberían sentirse orgullosos de él. La revancha llegó en 1972 en Vancouver, también con victoria por decisión unánime para Ali.
Frazier y el ojo
El 19 de julio de 1967 en el Madison Square Garden, Chuvalo subió al ring ante Joe Frazier con el hueso orbital del ojo derecho fracturado por un golpe recibido previamente. El árbitro detuvo el combate en el cuarto asalto cuando el ojo de Chuvalo se había hundido en la cuenca. Los médicos tuvieron que cortarle el hueso orbital, extraerle el globo ocular e insertar una pieza de silicona para mantenerlo en su lugar. Décadas después contaba con humor que aquella pieza de silicona sobreviviría a todo su cuerpo y seguiría rebotando en el interior de su cráneo durante siglos. «Sonará un pequeño tintineo», decía.
Foreman, Norton y el ocaso
En 1970 se enfrentó a George Foreman, que le sacaba veinte kilogramos y quince centímetros. Foreman lo noqueó en tres asaltos, pero Chuvalo siguió en pie recibiendo la primera cuenta de su carrera. Contra Ken Norton, en 1973, el canadiense fue superado de nuevo por decisión.
Se retiró oficialmente en diciembre de 1978, a los 41 años, después de ganar a George Jerome. Terminó con un récord de 73-18-2 y 64 nocauts, pero de lo que siempre presumía era de no haber visitado la lona.
La tragedia familiar
Sin embargo, los peores golpes estaban por venir para Chuvalo. Su hijo menor Jesse sufrió un accidente con una moto que le destrozó la rodilla. En una fiesta le ofrecieron heroína para calmar el dolor. El 18 de febrero de 1985, Jesse entró en su habitación, colocó el cañón de un rifle del calibre 22 en su boca y apretó el gatillo. Tenía veinte años.
Cuando hay un adicto a la heroína en una familia, decía Chuvalo, casi es una garantía de que habrá más. Su hijo Georgie Lee murió la noche de Halloween de 1993 en una habitación de hotel de Toronto, sentado en una silla en ropa interior con una jeringuilla clavada en el brazo izquierdo. Cuatro días después, su esposa Lynne tomó un puñado de pastillas y dejó una nota. No pudo soportar haber perdido a dos hijos. También murió.
Dos años más tarde, su hijo Steven salió de la cárcel donde había cumplido condena por robos en farmacias para financiar su adicción a la heroína. Chuvalo y Steven habían planeado una gira por toda Canadá para hablar de las drogas. Once días después de salir de la cárcel, Steven fue encontrado muerto en el apartamento de su hermana, con una jeringuilla en el brazo izquierdo y un cigarrillo sin encender entre los dedos.
«¿Cómo puedes seguir viviendo después de todo eso? ¿Cómo ocurrió todo esto?», se preguntaba Chuvalo. «Cuando las luces se apagan y estoy solo con mis pensamientos, lo paso muy, muy mal. Siempre». Un compositor canadiense escribió en 2002 una canción sobre él que contenía una línea que el propio Chuvalo adoptó como suya: «Los gladiadores lloran solos».
El legado
Chuvalo pasó sus últimas décadas haciendo lo que más le importaba, que era hablar con jóvenes sobre el peligro de las drogas, visitar escuelas, centros comunitarios y cárceles con su fundación Fight Against Drugs.
Muhammad Ali lo calificó como «el hombre más duro al que jamás me he enfrentado». Floyd Patterson dijo que fue su victoria más satisfactoria precisamente porque nunca había costado tanto conseguirla. Joe Frazier, con quien mantuvo una amistad de décadas, fue a Toronto a recaudar fondos para su fundación contra las drogas. George Foreman reconoció que le abrió el camino para entender lo que significaba enfrentarse a alguien que no se iba a caer.
Descanse en paz el gran George Chuvalo.

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