Falleció Wilfredo Gómez

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Redacción ESPABOX

Wilfredo Gómez, considerado uno de los mejores boxeadores puertorriqueños de la historia, falleció este sábado a los 69 años tras permanecer hospitalizado por complicaciones respiratorias. El boricua tuvo uno de los mejores reinados de la historia en el peso supergallo, desde que se hiciese con el título mundial WBC del peso supergallo en 1977, y acumuló 32 victorias seguidas por la vía rápida y sin conocer la derrota. El 21 de agosto de 1981 protagonizó una de las mejores peleas de la historia, cuando Salvador Sánchez lo derrotó en el octavo asalto y partió su carrera en dos. Después volvió a tocar la gloria ante Lupe Pintor, un título en una segunda categoría, pero comenzó un declive físico doloroso y casi veinte años de excesos fuera del ring. Y, a lo largo de todo ello, el cariño de un país que nunca le soltó la mano.

El niño de Las Monjas y el dominio sobre los cubanos
Wilfredo Gómez Rivera nació el 29 de octubre de 1956 en el barrio de Las Monjas, en Santurce (Puerto Rico). Su padre Jacobo estaba siempre fuera de casa, y su madre Paula fue el pilar de la familia. Su hermana Laura era sordomuda y él la protegió toda su vida. De niño aprendió a pelear en la calle y su padre no quería verlo boxear, mientras su madre soñaba con que fuera médico o abogado. El taxista y entrenador Enrique Carrión lo encaminó en el gimnasio Sixto Escobar de San Juan (Puerto Rico) y le enseñó el gancho al hígado.

Con 15 años, y después de que los dirigentes maquillaran su fecha de nacimiento, viajó a los Juegos Olímpicos de 1972 en Múnich (Alemania). Cayó descalificado ante el egipcio Mohamed Selim en el segundo asalto por agachar la cabeza y embestir con ella. Aquella semana vivió además el atentado contra la delegación israelí con los atletas puertorriqueños encerrados en la Villa Olímpica. «Si hubiera tenido dos años más habría peleado de otra manera», recordó. En esos Juegos vio campeón al cubano Orlando Martínez y se prometió que algún día lo alcanzaría.

Cumplió su palabra. Derrotó a Martínez por decisión en noviembre de 1973 y volvió a vencerlo en las semifinales de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo (República Dominicana) en 1974, donde también noqueó a Jovito Rengifo en la final para ganar el oro. Un mes antes, en Milwaukee (Estados Unidos), Derrick Holmes lo había noqueado en un asalto, la primera vez que pisó la lona, y aquel golpe lo obligó a preparar con más rigor el Mundial de La Habana (Cuba).

En La Habana arrasó. Ganó al peruano Miguel Viti y al polaco Krzysztof Madej en dos asaltos cada uno, al francés Aldo Cosentino en uno y en la final destrozó al cubano Jorge Luis Romero, a quien derribó tres veces en el primer asalto. Se proclamó campeón mundial amateur con 96 combates y tres derrotas en su historial. El periodista cubano René Molina lo bautizó Bazooka por la potencia de sus puños, ya que hasta entonces lo llamaban Dinamita. El cariño fue mutuo, porque los cubanos le ofrecieron quedarse a estudiar, con casa y chófer incluidos. Gómez rechazó todo. Había dinero en el boxeo profesional y su familia lo necesitaba. Al aterrizar en San Juan, Las Monjas entera lo esperó en el aeropuerto y lo escoltó en un desfile hasta su casa, con su padre saltando de alegría.

El reinado y la pelea con Salvador Sánchez
Con Yamil Chade como mánager conquistó el cinturón WBC del peso supergallo el 21 de mayo de 1977, al ganar a Dong Kyun Yum pese a haber visitado la lona en el primer asalto. Más tarde acabó con al histórico Carlos Zárate, en una pelea que muchos consideraron prematura para un campeón aún verde. Hasta 1981 todos sus aspirantes cayeron por KO.

La pelea contra Sánchez, campeón mundial WBC del peso pluma, la encaró mal antes de subir al ring. Gómez firmó con Don King sin asesor y un tribunal de Puerto Rico anuló después el contrato. Sin Chade, y con una bolsa que sus allegados consideraron escasa, él mismo asumió todas las gestiones. Cuando King lo localizó para que volviera a casa, Gómez estaba de luna de miel en un crucero y pidió aplazar. No hubo manera. Su abogado Gaby Penagaricano se opuso abiertamente. «Lo conducían por un camino de rosas personas que alimentaban su ego», afirmó.

Los periodistas que lo vieron preparar el combate en Ponce (Puerto Rico) hablaron de desinterés y de entrenamientos desastrosos. Gómez lo provocó sin descanso, incluso con insultos a su hombría, y prometió golpearlo «en el corazón, el hígado, los pulmones y el páncreas». Sánchez, tranquilo, sentenció «Que Gómez se haga una foto, porque después de la pelea no se va a reconocer». En la semana del combate le sobraban 5 kg. Corrió de madrugada con un traje de plástico y dio el peso en el pesaje de la mañana de la pelea con la fuerzas mermadas

En el Caesars Palace, Sánchez lo derribó el primer asalto y le machacó el rostro hasta fracturarle el pómulo derecho. El árbitro Carlos Padilla detuvo el combate a los 2 minutos y 9 segundos del octavo, con Gómez amenazando de muerte a quien parara la pelea. «Después de ese golpe no fui el mismo», admitió. El combate fue cruento a la vez que espectacular, y a pesar de no estar en su mejor forma, Gómez ofreció una oposición leonina ante uno de los mejores boxeadores de la historia.

Los cambios tras perder con Salvador Sánchez
De vuelta en Puerto Rico apareció con gafas oscuras para tapar la cara hinchada y rompió a llorar ante la prensa. Pero en lugar de reconocer el error, culpó a una báscula distinta de la del pesaje. Muchos lo perdonaron, otros no. Tras la derrota se encerró durante seis meses, un famoso se burló de él en antena y los amigos y gente del espectáculo que lo rodeaban desaparecieron. Por dentro, su obsesión era obtener una revancha.

La sensación entre quienes lo conocían fue que algo se rompió. «Era un Wilfredo Gómez antes de la pelea y otro después», dijo el periodista Ángel Oliveras, que lo vio pasar de alumno obediente a hombre aislado del mundo real por las malas compañías. La relación con el propio Oliveras se rompió después, cuando Gómez lo derribó de un golpe tras un altercado. Terminaron en los tribunales y el periodista decidió no presentar cargos, y con el tiempo se reconciliaron. Se produjo también un divorcio y un entorno cada vez más inestable alrededor de un campeón que, según quienes lo trataron, ya no respondía ante nadie.

En agosto de 1982 la revancha dejó de ser posible. Sánchez murió en un accidente de tráfico cuando se dirigía a su campo de entrenamiento y Gómez, que preparaba una defensa ante Roberto Rubaldino, viajó a México para rendir honores a su antiguo rival. Un gesto elogiado por mexicanos y puertorriqueños. «Espero que tengamos esa revancha en el cielo», repetiría años después.

Lupe Pintor y la guerra de la redención
Gómez ganó a Juan Meza en Atlantic City (Estados Unidos) el 27 de marzo de 1982 y a Juan Antonio López, y la dieta de 1.500 calorías ya apuntaba a un cambio. Para el duelo con Pintor, campeón mundial WBC del peso gallo, recurrió a un médico, Bobby Muñoz Zayas, que lo encontró deshidratado, débil e incapaz de comer. El doctor le impuso una dieta rica en proteínas y sin hidratos, y Gómez no tuvo problemas para dar el peso. Su entorno también se reorganizó, con el panameño Pellín Ávila en su equipo.

La pelea con Lupe Pintor se celebró en la velada del combate entre Thomas Hearns y Wilfred Benítez en Nueva Orleans (Estados Unidos). Pintor se presentó con 49 victorias y 38 de ellas por la vía rápida. En la rueda de prensa llegó a prometer que mataría a Gómez, y este le respondió con insultos, aunque esta vez evitó las provocaciones públicas que le costaron caro con Sánchez.

Gómez dominó los dos primeros asaltos. El tercero fue una guerra desde el primer segundo y Pintor respondió con duros golpes. En el noveno Gómez decidió que no podía perder y puso contra las cuerdas, y en el duodécimo, con los ojos reducidos a rendijas, castigó a Pintor con casi treinta golpes. El decimocuarto fue el final. Pintor fue a la lona, pero se levantó en la cuenta de nueve, y un nuevo gancho al hígado lo hizo caer sobre una rodilla. El árbitro Arthur Mercante Sr. detuvo el combate a los 2 minutos y 44 segundos, con Gómez por delante en dos de las tres tarjetas. «Ese combate me redimió», resumió Gómez.

LaPorte y el título pluma
Con esa fama dejó el peso supergallo y el 31 de marzo de 1984, en el Coliseo Roberto Clemente de San Juan, se enfrentó a su compatriota Juan LaPorte, campeón mundial WBC del peso pluma, nacido en Puerto Rico pero criado en Nueva York. La firma del contrato había provocado un escándalo, con LaPorte presionado en un coche por King y Chade para que firmara sin su mánager Howie Albert presente.

LaPorte lo sacudió en el primer asalto con un derechazo y Gómez lanzó los dos siguientes ráfagas de diez y doce golpes.. En el undécimo asalto este le soltó la frase «Se te fue la guagua» y las tarjetas fueron claras, 118-110, 117-111 y 119-113 a favor de Gómez. Tras una discusión a gritos con Héctor Camacho durante el combate, Gómez le dijo que sería el siguiente, y soltó besos al público. Se proclamó campeón mundial WBC del peso pluma por segunda vez, y para el equipo de LaPorte la derrota vino acompañada de quejas.

Los problemas de disciplina antes de Azumah Nelson
Con Azumah Nelson ya no hubo milagro. La pelea sufrió una cancelación previa por problemas económicos del promotor. Muñoz Zayas volvió al gimnasio y llegó unos días antes, pero perdió la batalla en la víspera. «Perdimos esa pelea dos o tres días antes», contó. Una de las noches previas, Gómez salió y regresó tarde, y por la mañana no se pudo levantar para entrenar. «Cuando quería trabajar lo hacía bien, pero su problema empezó con las mujeres», explicó el doctor. Gómez lo reconoció a su manera. «Entrené en Puerto Rico, con muchos amigos, muchas happy hours y muchas fiestas», y confesó que casi nunca veía vídeos de sus rivales.

Nelson, más joven, más fuerte y más rápido, lo fue desgastando. Gómez bailó y buscó sorprenderlo. En el décimo, visitó la lona dos veces y el combate terminó. Dos jueces lo tenían por delante en las tarjetas y el tercero reflejaba un empate. La prensa fue implacable con él. A diferencia de lo ocurrido con Sánchez, esta vez los aficionados entendieron que perdió por su propia culpa.

La decadencia
Gómez fue a por una tercera corona. El 19 de mayo de 1985 se midió en Puerto Rico a Rocky Lockridge, campeón mundial WBA del peso superpluma, y salió de la pelea con la voz destrozada. Lockridge, más fuerte y dos años más joven, lo golpeó sin descanso en el cuello y el cuerpo y lo sacudió con los ganchos. Gómez remontó con el jab y ganó por decisión mayoritaria con tarjetas de 145-143, 145-144 y 144-144, una victoria que mucha gente consideró inmerecida. Fue su tercer título en una tercera categoría, pero salió con las cuerdas vocales paralizadas.

Muñoz Zayas le dijo que se retirara. José Sulaiman, presidente del WBC, lo pidió en público. «Me dolió. Me enfadé con el doctor porque acababa de ganar», reconoció Gómez. Ni la oferta para enfrentarse a Barry McGuigan lo convenció, y aceptó pelear en Panamá contra Alfredo Layne. Su abogado Penagaricano fue demoledor. «Estaban asando a la gallina de los huevos de oro». Gómez ofreció un sexto asalto glorioso, con veinte golpes sin respuesta, la última exhibición de su carrera, pero en el noveno Layne lo remató. Oliveras fue más duro todavía, «Del uno al diez, era un cinco».

«Me enfadé con ellos y ellos conmigo. No les dije adiós», dijo Gómez de los puertorriqueños. Regresó en 1988 y 1989 con dos victorias fáciles ante Mario González y Mario Salazar, y dejó un récord de 44-3-1 con 42 KO.

El amor de Puerto Rico
Pocas veces un país quiso tanto a un boxeador. Las Monjas entera salió al aeropuerto en 1974 a recibir al campeón amateur y Puerto Rico lo siguió durante más de una década como a un héroe, con modelos y actrices en el ringside, bandas de salsa volando hasta Las Vegas y pabellones llenos.

Se lo demostraron tras la derrota con Sánchez, cuando el alcalde de Guaynabo (Puerto Rico) organizó una rueda de prensa para facilitar el perdón, y de nuevo cuando volvió a ser campeón, rodeado otra vez de quienes le habían dado la espalda. Perdonaron las excusas tras la derrota. Pero ese afecto también tuvo su reverso, porque la prensa que lo ensalzó lo crucificó tras Nelson y los aficionados entendieron que había perdido por su propia culpa. Cuando por fin colgó los guantes no recibió ni un acto de despedida, algo que lo hirió y que alimentó su enfado con el pueblo que tanto lo había querido.

Después del boxeo, lo malo
La retirada le dejó un vacío que no supo llenar. A los 16 años ya vivía para el gimnasio y, sin el ritmo diario de entrenamientos, no encontró qué hacer con el tiempo. «No encontré algo que sustituyera al boxeo», explicó. Sin la euforia que le daba el ring buscó otros vicios, y durante casi veinte años su vida se descontroló. Hubo problemas personales y de pareja, dificultades económicas, malas decisiones empresariales y problemas graves de salud..

El abogado José Andino atribuyó parte de aquello a su carácter, «Confía en todo el mundo y por eso confió en gente en la que no debía confiar». Sufrió problemas respiratorios, y su salud empeoró con el paso de los años.

Después de lo malo, lo bueno, nuevamente junto al boxeo
Y sin embargo Gómez se salvó. Wilfredo salió adelante con la ayuda de sus asesores para mejorar su situación económica. Con el apoyo de amigos y con dedicación a la religión, dejó atrás aquella vida y volvió a la casa que compró a su madre en su época de esplendor. También entrenó a púgiles que buscaban seguir sus pasos. Puerto Rico le devolvió el cariño con el paso de los años, y el boxeo mundial valoró debidamente su carrera.

Descanse en paz.

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